Estanislao Zuleta propone algo que parece simple pero que en realidad es incómodo: leer no es pasar los ojos por un texto ni subrayar frases bonitas, sino enfrentarse a él. Para Zuleta, leer implica pensar, detenerse, releer y hasta frustrarse. Y ahí está lo interesante: nos obliga a aceptar que comprender de verdad cuesta.
Lo que más llama la atención del ensayo es su crítica a la manera en que hemos aprendido a leer en la escuela y en la universidad. Muchas veces leemos para cumplir, para responder un parcial o para sacar una nota, no para entender. En ese sentido, Zuleta cuestiona esa lectura rápida y acumulativa, donde importa más la cantidad que la profundidad. Él propone lo contrario: leer menos, pero mejor.
Sin embargo, también es válido preguntarse si su postura es totalmente aplicable al contexto actual. En la universidad, especialmente en carreras exigentes, el volumen de lectura es alto y el tiempo es limitado. Leer cada texto con el nivel de detalle que él propone puede ser casi imposible. Entonces surge una tensión: ¿es culpa del estudiante que no profundiza o del sistema que no lo permite?
Aun así, el ensayo sigue siendo muy vigente. En una época donde consumimos información en segundos, Zuleta nos recuerda que leer bien es un acto de resistencia. No se trata solo de entender lo que el autor dice, sino de descubrir qué pensamos nosotros frente a eso. Y tal vez ahí está el punto más fuerte del texto: leer es una forma de construir pensamiento propio.
Una reflexión de Emily Castiblanco
Inspirada en el ensayo Sobre la lectura de Estanislao Zuleta