En su obra Sobre la lectura, Estanislao Zuleta plantea una idea que va más allá de la enseñanza: leer implica crear significado. Esta declaración tiene repercusiones en los ámbitos epistémico, ético y político. Si no existe un lenguaje compartido previamente entre la persona que lee y el texto, la comprensión no ocurre de forma automática, requiere un esfuerzo activo de reconstrucción, una lucha conceptual y una disposición a enfrentar retos. Leer no consiste en validar lo que ya se tiene en mente, sino en permitir que el contenido del texto ponga en cuestión nuestras certezas. Desde una perspectiva filosófica, se trata de una actividad hermenéutica que requiere la suspensión del juicio inmediato.
Esta suspensión es una forma de disciplina mental. Implica retrasar la respuesta, detener la opinión inmediata “la doxa” y aceptar la complejidad. Sin embargo, en la actualidad, adoptar esta postura es ir en contra de la cultura dominante. La rápida circulación de información, la lógica de los algoritmos en las redes sociales y la economía de la atención han dado lugar a individuos que consumen fragmentos en lugar de estructuras, titulares en lugar de argumentos. La lectura ha sido reemplazada por la reacción.
Aquí se establece la relación fundamental con la salud mental. La cultura de la inmediatez no solo debilita la discusión pública; también crea subjetividades sobrecargadas. La exposición continua a estímulos, opiniones y disputas sin un análisis reflexivo causa ansiedad, irritabilidad y agotamiento mental. Cuando no se desarrolla el hábito de pensar críticamente sobre lo que se recibe, la mente queda atrapada en un ciclo constante de reacciones. No hay una interpretación simbólica; hay una descarga de emociones. La incapacidad de pausar el juicio se convierte, entonces, en una forma de vulnerabilidad mental.
La idea de Zuleta puede entenderse, en este contexto, como una ética del cuidado del intelecto. Interpretar requiere tiempo, la lentitud facilita la elaboración, la elaboración disminuye la impulsividad. La lectura profunda actúa como una práctica de regulación mental, obliga a organizar el pensamiento, a distinguir diferentes niveles de significado, a identificar ambigüedades. Este proceso fortalece la capacidad de reflexión y reduce la tendencia a la simplificación extrema, que suele alimentar la angustia y la polarización.
En el contexto colombiano, donde la historia política ha estado marcada por el conflicto, la desigualdad y narrativas opuestas, la vulnerabilidad del espacio público está íntimamente relacionada con la fragilidad emocional de la sociedad. Una ciudadanía que actúa antes de entender es más propensa a aceptar discursos que son simplistas y cargados de emociones. La división no se limita únicamente a lo ideológico, también tiene un componente afectivo. Así, la forma de lectura que propone Zuleta no debe considerarse un privilegio académico, sino una acción política: educa a las personas para que puedan enfrentar la complejidad sin reducirla a rivalidades inmediatas.
Asimismo, hay una dimensión estructural que no puede pasarse por alto. La falta de calidad en la educación y la desigualdad en el acceso a bienes culturales restringen el desarrollo de esta habilidad de interpretación. La salud mental, por otro lado, también se ve influenciada por factores sociales tales como la pobreza, la exclusión y la incertidumbre. Por lo tanto, la defensa de la lectura como un trabajo debe estar vinculada a la obligación del Estado de asegurar condiciones adecuadas que fomenten el pensamiento crítico. Democratizar la complejidad no implica simplificarla, sino preparar las circunstancias para que más ciudadanos puedan enfrentarse a ella sin ser excluidos.
La idea principal se puede expresar de esta manera: la lectura atenta es una actividad interpretativa que refuerza la independencia mental; la independencia mental es un requisito para la estabilidad emocional, y ambas son pilares de una democracia auténtica. Decidir no emitir juicios no significa abandonar la crítica, sino más bien sustentarlas. En un contexto colmado de estímulos y tensiones en el ámbito político, el aprendizaje para interpretar antes de actuar se convierte en una forma de cuidar nuestra salud mental como sociedad.
Para finalizar, la propuesta de Estanislao Zuleta no debe ser vista como una simple teoría de la lectura, sino como una enseñanza sobre la formación del individuo democrático. Leer con dificultad implica oponerse a la simplificación; oponerse a la simplificación ayuda a resguardar la salud mental frente a la saturación, y resguardar la salud mental contribuye a fortalecer la convivencia política. En épocas de rapidez y división, llevar a cabo una lectura crítica se transforma en un acto ético, curativo y profundamente político.
Una reflexión de Keren Arenas
Inspirada en el ensayo Sobre la lectura de Estanislao Zuleta